Allá por el tiempo que no pasa, no existe la inmensidad del mar; sólo es lo que seguramente fue hace milenios.
Hoy acá, cerca de todo, me regocijo de su atracción y mis sentimientos lloran de emoción; es el mar, aquel lugar que nos minimiza. Su grandeza reconcilia mi alma; así es como dejo de temerle. Ahora fortalecido me enfrento a él para robarle un pez. Al final del día es él quien ha robado parte de mi existencia. El recuerdo de tan digna batalla se transforma en dolor, enfermedad que sólo se cura volviendo a pescar.
Una “mosca” es la peor imitación de un ser vivo, que brilla y resplandece por la gracia de Dios.
Un “pescador con mosca”, representa al vendedor de hielo en la Antártida. Con su habilidad es capaz de engañar a un pez y capturarlo para su regocijo.
La pasión por la “pesca con mosca”, no se limita sólo a capturar un pez, es una simple metástasis de la vida que sólo se termina con la muerte.
Un momento de pesca es la forma que tenemos los humanos de recolectar la energía necesaria para seguir viviendo.
La amistad que se cultiva pescando, nos permite darnos cuenta que todos somos hijos de Dios.
Sigamos pescando para seguir viviendo.
Ernesto Parodi









